La agitación debería ser un objetivo en la enfermedad de Alzheimer

En el pasado, en el contexto de las demencias, el término “agitación” hacía referencia a una amplia gama de conductas, observándose poca coherencia entre estudios. La definición de consenso propuesta recientemente debería mejorar nuestro conocimiento del fenómeno y los esfuerzos que realizamos para tratar este síntoma tan angustiante de la enfermedad avanzada.

La agitación en la enfermedad de Alzheimer se explora minuciosamente en un artículo publicado en el Lundbeck Institute Campus.

El sufrimiento de las personas que padecen demencia está multiplicado por el impacto que este tiene en sus familias, que a menudo son los cuidadores principales.

Aunque predominen los síntomas cognitivos, los síntomas neuropsiquiátricos (SNP), como la agitación, son muy prevalentes. Los SNP pueden ser incapacitantes, deterioran severamente la calidad de vida de las personas que los sufren y la de sus cuidadores informales, y a menudo precipitan la institucionalización del paciente.

El sufrimiento de las personas que sufren demencia está multiplicado por el impacto que este tiene en sus familias y cuidadores

Presentan agitación alrededor del 20 % de los pacientes con EA que viven en la comunidad y el 40-60% de aquellos que viven en residencias, donde, además de causar sufrimiento, es motivo común de visitas al servicio de urgencias y de hospitalización, por lo que influye en coste total del tratamiento. 

La agitación es frecuente en todos los niveles de gravedad y su prevalencia aumenta a medida que la enfermedad avanza. 

Un nuevo consenso

A pesar de la carga de sufrimiento que supone, la agitación recibía una atención sistemática relativamente baja, en el pasado. Actualmente, esto ha cambiado, y se reconoce que disponer de una definición de consenso de la agitación en el contexto de los trastornos cognitivos beneficiaría este cambio.

La Asociación Internacional Psicogeriátrica (IPA) creó un grupo de trabajo para desarrollar esa definición con el objetivo de que fuera aplicable a estudios epidemiológicos, clínicos e intervencionistas, tanto farmacológicos como no farmacológicos.

Casi un millar de personas participaron en el proceso de creación del consenso. Al preguntar a estas personas qué elementos debería incluir la definición de agitación, la mayoría utilizaron los descriptores excesivo, inadecuado, molesto y repetitivo.

Entre las conductas específicas se mencionaron vagabundeo, agresividad verbal, solicitudes de ayuda no justificadas, autoagresiones o agresiones a otros, empujar, tirar, berrear, inquietud, dar patadas, gritar y destruir objetos. 

El Grupo de trabajo de la definición de la agitación fue favorable a definir la agitación como un síndrome clínico diferenciado

La conclusión provisional del grupo de trabajo fue que la definición de agitación en este contexto debería ser amplia, pues aparece en pacientes:

  • con deterioro cognitivo o demencia
  • que muestran conductas compatibles con un sufrimiento emocional persistente o con frecuencia dura dos semanas como mínimo, y eso representa un cambio de la conducta anterior del paciente
  • que muestran alguna de las siguientes características: actividad motora excesiva, agresión verbal o física, y
  • manifiestan conductas que alteran el funcionamiento social o las actividades cotidianas  y que no pueden ser debidas únicamente al deterioro cognitivo y no son atribuibles solamente a otra patología (psiquiátrica, médica o relacionada con el consumo de sustancias) o a haber recibido una atención subóptima.

La adopción de la definición debería facilitar las comparaciones entre estudios y conducir a avances en las intervenciones no farmacológicas y farmacológicas. Para estas últimas, una definición de consenso también podría facilitar la presentación de datos de ensayos a las  autoridades reguladoras.

La disfunción del lóbulo frontal es una parte importante de la biología subyacente

 

Son necesarios conocimientos sobre la neurobiología

Es probable que la neuropatología de la agitación asociada con la EA esté relacionada con alteraciones estructurales y neuroquímicas en regiones corticales específicas. Estudios clínicos y de imagen han sugerido que la disfunción del lóbulo frontal puede ser importante.

La obtención de un mayor conocimiento a través de estudios de neuroimagen y neuropatología puede identificar fenotipos específicos de conducta agitada y apuntar tratamientos dirigidos que se puedan implementar con la orientación de biomarcadores. Estos marcadores también pueden ser útiles para esquematizar la evolución de aspectos neuropsiquiátricos de la enfermedad y para supervisar el tratamiento.

Siga este enlace para obtener información más detallada sobre la agitación en el contexto de la demencia.