El riesgo de depresión aumenta con la exposición al cannabis del cerebro en desarrollo

Los datos epidemiológicos sugieren que el consumo crónico de cannabis durante la adolescencia aumenta el riesgo de depresión y de ideación suicida subsiguientes, incluso cuando las patologías comórbidas están controladas. La relación causal es plausible, dada la creciente evidencia de que los cannabinoides interaccionan con los sistemas cerebrales que regulan el estado de ánimo.

Según un gran metaanálisis llevado a cabo por Gabriella Gobbi, de la McGill University, Montreal, Quebec, Canadá, y colaboradores,que se presentó durante el Congreso Virtual del Colegio Internacional de Neuropsicofarmacología (CINP) de 2021, el consumo crónico de cannabis en la adolescencia puede aumentar el riesgo de depresión y de tendencia suicida en los primeros años de la edad adulta.

Existe una clara asociación entre el consumo de cannabis y la depresión subsiguiente, incluso en ausencia de patologías premórbidas y de antecedentes familiares.

En comparación con los no consumidores, la oportunidad relativa (OR) de que los consumidores de cannabis de 13-18 años de edad presenten depresión a los 21-30 años es de 1,37. La OR de ideación suicida es de 1,5 y la de intento de a suicidio de 3,46. Contrariamente, el consumo de cannabis en la adolescencia no se relaciona con ansiedad en los primeros años de la edad adulta.

El consumo de cannabis en la adolescencia aumenta el riesgo de depresión en la edad adulta temprana en un 37 % y duplica el riesgo de ideación suicida

 

Un pequeño riesgo multiplicado por millones

En su intervención ante el plenario, el Profesor Gobbi afirmó que los datos epidemiológicos son claros. Aunque las magnitudes del efecto son modestas, el consumo de cannabis en la adolescencia es tan frecuente que el número de casos de depresión que pueden atribuirse a dicho consumo en esta población es enorme.

Sugirió que el cerebro del adolescente aún está en desarrollo, lo cual podría contribuir a su vulnerabilidad.

A pesar de las dificultades que existen para establecer una conexión causal desde la epidemiología, los recientes conocimientos sobre los efectos de los cannabinoides en la neurobiología y los estudios realizados con modelos animales indican que dicha conexión es probable.

Los cannabinoides afectan a áreas cerebrales y neurotransmisores que regulan el estado de ánimo

 

La neurobiología sugiere que es probable que exista una conexión causal

Experimentos electrofisiológicos llevados a cabo en ratas han demostrado que los cannabinoides interaccionan directamente con el sistema serotoninérgico.2 Aunque a corto plazo potencian la actividad de la serotonina,2  la exposición crónica de animales adolescentes a cannabinoides disminuyó la activación serotoninérgica, y se acompañó de la inducción de un estado depresivo.3-5

En la prueba de natación forzada, el THC puede causar una “conducta de desesperación” y anhedonia, evidenciadas por una reducción en la preferencia por la sacarosa respecto al agua, observada en ratas adolescentes, pero no en ratas adultas.

En el contexto clínico, el hecho de que la depresión mejora cuando el paciente deja de consumir cannabis respalda esta relación causal. 6

Un ensayo controlado aleatorizado puso de manifiesto que un inhibidor de la amida hidrolasa de ácidos grasos, una enzima que degrada la anandamida endocannabinoide, reduce la abstinencia y dependencia del cannabis es interesante en el contexto del tratamiento del trastorno por consumo de cannabis.7

Our correspondent’s highlights from the symposium are meant as a fair representation of the scientific content presented. The views and opinions expressed on this page do not necessarily reflect those of Lundbeck.

Referencias

1. Gobbi G et al. JAMA Psychiatry 2019;76(4):426-434

2. Bambico FR et al. J Neuroscience 2007;  27 (43) 11700-11711

3. Bambico FR et al. Neurobiol Dis 2010;37(3):641-55

4. Rubino T et al. Neuropsychopharmacology 2008;33:2760–2771

6. De Gregorio D  et al. Int J Neuropsychopharmacol 2020 ;23(11):751-761

7. Moitra E et al. Depress Anxiety 2016;33(4):332-8

8. D’Souza DC et al. Lancet Psychiatry 2019; 6:35-45

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